EN LA FUENTE

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lunes, 19 de diciembre de 2016

DEL MAR MENOR Y SUS CIRCUNSTANCIAS. UNA REFLEXION PERSONAL

DEL MAR MENOR Y SUS CIRCUNSTANCIAS. UNA REFLEXIÓN PERSONAL
                Considero que los alarmismos no son buenos y a pesar de que estén fundamentados en buenas intenciones generan más daños que beneficios. Digo esto en relación a los ríos de tinta que se han vertido en los últimos meses referentes al estado de nuestra querida laguna litoral. Para que quien lea esto no piense erróneamente aclaro lo siguiente:
a)      Nací a menos de 50 metros del Mar Menor, en Los Nietos, por tanto mi vinculación afectiva con la laguna (el primer paisaje que vieron mis ojos) está fuera de toda duda.
b)      Mis muchos años vividos en sus orillas me permiten hablar con la suficiente propiedad fundamentada en la observación directa y reflexionada.
c)       No soy una experta en geografía ni en meteorología pero algo he leído y he estudiado al respecto.
d)      No  Soy portavoz ni defensora de partido político alguno.
e)      Soy una ecologista sensata.

Aclaradas las premisas anteriores paso a explicar mi opinión.
El Mar Menor es una laguna litoral a la que desembocan cinco ramblas, los terrenos colindantes son lo que se denomina marjales, es decir, terrenos que están ligeramente por debajo de las cotas de los circundantes y con propensión a inundarse. Estás características  unidas a la torrencialidad de las precipitaciones del clima mediterráneo originan grandes aportes de materiales a la laguna cuando se producen tormentas, temporales o la denominada gota fría.  He visto desde siempre, mucho antes de que se construyeran clubes náuticos de hormigón, de que se practicara la agricultura intensiva o de que se construyeran urbanizaciones sin control en sus orillas, el mar achocolatado después de las lluvias otoñales, las puntas de Los Nietos (Lengua de la Vaca y  El Arenal en las que desembocan las ramblas de El Beal y La Carrasquilla ) recorridas por ríos de barro que penetraba en todas las casas e incluso la zona donde se ubica la estación de FEVE, conocida por La Pescadería, convertida en un inmenso charco. Recuerdo las veces que el antiguo propietario de la panadería, el señor Calatayud, debía achicar el agua y el barro de su local. También la cantidad de detritos que las citadas ramblas depositaban en el mar y que después sembraban la playa con todo tipo de desechos.  He andado por  la avenida principal de Mar de Cristal con el agua muy por encima de los tobillos y he visto sótanos y garajes inundados por el barro a finales de los años ochenta.  Basta con consultar las hemerotecas para comprobar lo expuesto.
        Ahora bien, es un hecho incontestable que el Mar Menor está tocado de muerte, pero esto es algo que no es nuevo. En el libro Contaminación y Degradación del Mar Menor de Francisco Victoria (Ed. Regional. Murcia 1983) ya se abordaban los problemas que afectan a la laguna especialmente de los vertidos agrícolas fundamentalmente los abonos nitrogenados. Con la crisis económica de estos años y el consiguiente estancamiento de la economía, la agricultura se ha convertido en una opción  compensatoria  a la destrucción de los puestos de trabajo en el sector de la construcción. Estas prácticas agrícolas han provocado, entre otras consecuencias, el derribo de los márgenes entre los bancales que actuaban como barrera de contención frente a la escorrentía de las aguas pluviales.  
Es fácilmente deducible por lo expuesto que el color “achocolatado” del Mar Menor y las inundaciones de los terrenos circundantes no puede ser achacado al cien por cien a la desidia política. A cada uno su parte de responsabilidad, teniendo en cuenta que es difícil, no imposible,  conjugar los factores de protección medioambiental con el desarrollo económico. Por citar un ejemplo: ¿Cómo se hubiera puesto la gente si hace veinte años se hubiese legislado en contra  de la construcción  de los puertos deportivos o se hubiera prohibido la circulación de embarcaciones deportivas a motor en el Mar Menor?
Es  necesario una actuación conjunta de todas las administraciones y una protesta sensata de todos los ciudadanos exigiendo a  las autoridades las medidas pertinentes para la regeneración de la laguna, que es posible. Hago pues, un llamamiento  a la sensatez y a la cordura sin alarmismos irracionales.  Las opiniones no fundamentadas en las redes sociales se están convirtiendo en un boomerang de grandes proporciones pues está espantando a turistas y visitantes, degradando el pueblo de Los Nietos y pulverizando el valor de los terrenos y de las casas.  No he realizado hasta la fecha ningún comentario sobre este tema. Este será el primero y el último de ellos. Espero no haber ofendido a nadie con mis opiniones, nada más lejos de  mi intención.



17-22 de octubre de 1972.







Los Alcázares. 1953.


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