EN LA FUENTE

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martes, 9 de mayo de 2017

EN TU CLASE O EN LA MÍA.

La clase de 5º de EP del CEIP San Isidro os ofrecemos nuestro programa de entrevistas. Nuestro invitado es Antonio Vidal Alarcón, ganador de la categoría juvenil del concurso de microrrelatos organizado por la Biblioteca de Los Belones.
Esperamos que sea de vuestro agrado.

lunes, 19 de diciembre de 2016

DEL MAR MENOR Y SUS CIRCUNSTANCIAS. UNA REFLEXION PERSONAL

DEL MAR MENOR Y SUS CIRCUNSTANCIAS. UNA REFLEXIÓN PERSONAL
                Considero que los alarmismos no son buenos y a pesar de que estén fundamentados en buenas intenciones generan más daños que beneficios. Digo esto en relación a los ríos de tinta que se han vertido en los últimos meses referentes al estado de nuestra querida laguna litoral. Para que quien lea esto no piense erróneamente aclaro lo siguiente:
a)      Nací a menos de 50 metros del Mar Menor, en Los Nietos, por tanto mi vinculación afectiva con la laguna (el primer paisaje que vieron mis ojos) está fuera de toda duda.
b)      Mis muchos años vividos en sus orillas me permiten hablar con la suficiente propiedad fundamentada en la observación directa y reflexionada.
c)       No soy una experta en geografía ni en meteorología pero algo he leído y he estudiado al respecto.
d)      No  Soy portavoz ni defensora de partido político alguno.
e)      Soy una ecologista sensata.

Aclaradas las premisas anteriores paso a explicar mi opinión.
El Mar Menor es una laguna litoral a la que desembocan cinco ramblas, los terrenos colindantes son lo que se denomina marjales, es decir, terrenos que están ligeramente por debajo de las cotas de los circundantes y con propensión a inundarse. Estás características  unidas a la torrencialidad de las precipitaciones del clima mediterráneo originan grandes aportes de materiales a la laguna cuando se producen tormentas, temporales o la denominada gota fría.  He visto desde siempre, mucho antes de que se construyeran clubes náuticos de hormigón, de que se practicara la agricultura intensiva o de que se construyeran urbanizaciones sin control en sus orillas, el mar achocolatado después de las lluvias otoñales, las puntas de Los Nietos (Lengua de la Vaca y  El Arenal en las que desembocan las ramblas de El Beal y La Carrasquilla ) recorridas por ríos de barro que penetraba en todas las casas e incluso la zona donde se ubica la estación de FEVE, conocida por La Pescadería, convertida en un inmenso charco. Recuerdo las veces que el antiguo propietario de la panadería, el señor Calatayud, debía achicar el agua y el barro de su local. También la cantidad de detritos que las citadas ramblas depositaban en el mar y que después sembraban la playa con todo tipo de desechos.  He andado por  la avenida principal de Mar de Cristal con el agua muy por encima de los tobillos y he visto sótanos y garajes inundados por el barro a finales de los años ochenta.  Basta con consultar las hemerotecas para comprobar lo expuesto.
        Ahora bien, es un hecho incontestable que el Mar Menor está tocado de muerte, pero esto es algo que no es nuevo. En el libro Contaminación y Degradación del Mar Menor de Francisco Victoria (Ed. Regional. Murcia 1983) ya se abordaban los problemas que afectan a la laguna especialmente de los vertidos agrícolas fundamentalmente los abonos nitrogenados. Con la crisis económica de estos años y el consiguiente estancamiento de la economía, la agricultura se ha convertido en una opción  compensatoria  a la destrucción de los puestos de trabajo en el sector de la construcción. Estas prácticas agrícolas han provocado, entre otras consecuencias, el derribo de los márgenes entre los bancales que actuaban como barrera de contención frente a la escorrentía de las aguas pluviales.  
Es fácilmente deducible por lo expuesto que el color “achocolatado” del Mar Menor y las inundaciones de los terrenos circundantes no puede ser achacado al cien por cien a la desidia política. A cada uno su parte de responsabilidad, teniendo en cuenta que es difícil, no imposible,  conjugar los factores de protección medioambiental con el desarrollo económico. Por citar un ejemplo: ¿Cómo se hubiera puesto la gente si hace veinte años se hubiese legislado en contra  de la construcción  de los puertos deportivos o se hubiera prohibido la circulación de embarcaciones deportivas a motor en el Mar Menor?
Es  necesario una actuación conjunta de todas las administraciones y una protesta sensata de todos los ciudadanos exigiendo a  las autoridades las medidas pertinentes para la regeneración de la laguna, que es posible. Hago pues, un llamamiento  a la sensatez y a la cordura sin alarmismos irracionales.  Las opiniones no fundamentadas en las redes sociales se están convirtiendo en un boomerang de grandes proporciones pues está espantando a turistas y visitantes, degradando el pueblo de Los Nietos y pulverizando el valor de los terrenos y de las casas.  No he realizado hasta la fecha ningún comentario sobre este tema. Este será el primero y el último de ellos. Espero no haber ofendido a nadie con mis opiniones, nada más lejos de  mi intención.



17-22 de octubre de 1972.







Los Alcázares. 1953.


lunes, 1 de agosto de 2016

A MI MADRE



   
    Estos días están siendo muy tristes para mí, es momento de recogimiento y reflexión; de permitir que los recuerdos afloren pero no en un sentido doloroso sino sanador, terapéutico.  Este mes de agosto cumplen años  mis dos hermanas y mi madre. Ella ya no está entre nosotros pero su presencia permanece, permanecerá por mucho tiempo mientras que la recordemos. Por ello quiero traer aquí un poema que escribí hace algunos años, valgan estas palabras como homenaje a mi madre y como expresión de mis sentimientos hacia mis hermanas.

LAS TRES HERMANAS

Aquella radiante mañana de verano,
por fin apareció mi madre
tras la breve ausencia de unos días.
No parecía la misma que escasas fechas
había abandonado nuestra casa
con  la frente  surcada por minúsculos
ríos plateados
que a mi me parecieron
la senda brillante que el caracol
dibuja en  placida tersura de la piedra.

Recuerdo  que lloraba en voz bajita
pues sabía cuanto me turbaban
los llantos desmedidos
—aún estaba reciente la muerte de mi abuela—.
Vestía el traje nuevo, cosido  aquella primavera,
y la mano, crispada por algún  dolor secreto,
portaba una   maleta.
La otra, el brazo  de mi abuela aferraba
en el vano intento de infundirse un valor
tan necesario en   aquel trance
que yo intuía terrible y misterioso.
Al verla en aquel estado, desencajada,
pensé que una grandísima  desgracia ,
como una tempestad, se habría desatado
y que ella marchaba  a asumir
un  incierto destino
que la alejaba de nosotros para siempre.

Al poco, el viejo taxi,
oscuro mensajero de infortunios,
paró frente a mi casa.
Aquel pez negro y perverso
de afiladas aletas caudales
a mis padres engulló.. Escapó luego
expulsando tras su huida un humo oscuro,
pestilente,  como el que debía haber en el infierno
Las  horas que siguieron a su marcha,
no hubo argumento que calmara
la terrible desdicha que sentía
ante el aciago destino de mis padres.
Luego pensé, que tal vez aquello
fuese una prueba, como en los mitos,
que  habría de vencer para obtener el premio
que le estaba reservado a los valientes.


Mi madre, tras unos días,  regresó,
y para mi sorpresa,
el pez  negro y siniestro
la devolvió en  un estado tan perfecto,
que incluso había recuperado
su esbelta silueta.
Entre sus brazos acunaba un bulto extraño
que yo, enseguida,  identifiqué como el regalo
que en las fábulas se otorga
a aquellos que demuestran su valor o su osadía.

Entre abrazos y besos ella dijo:
“Aquí tienes a tu hermana”.
Mientras abría aquel cáliz blanco y rosa
del que asomó, como en el cuento,
una “Pulgarcilla” rolliza  y asustada
que lloraba ante el asombro de la luz .

    Entonces, contaba  yo  tan sólo cuatro años,
sentí clavada en lo más hondo 
 la  verde saeta de los celos:
era  la pobre princesa destronada.
Hoy, transcurridas más de cuatro décadas,
desde aquella mañana de verano
el tiempo me devuelve aquella imagen
envuelta  en  la dorada luz de los recuerdos.
Agradecer quiero  aquel obsequio,
y otro presente  que más tarde  mis padres me legaron.
Me  siento dichosa entre la dicha
de saberme la mayor de tres hermanas,
y aunque mis días muchos fueran, no bastarían

para  devolverles el amor con que honran

martes, 17 de mayo de 2016

LOS SÍMBOLOS. PORTADA DE SIRENAS EN LA NIEBLA.











Queridos lectores, hoy quiero hablar del símbolo. En mi opinión, es el eje  que sustenta la literatura. Sin él esta no puede darse pues permite la trascendencia de la palabra, es la llave que abre la puerta a otra realidad que se encuentra escondida en otra dimensión, tras el espejo. El valor del símbolo se aprecia muy bien en la poesía a partir del siglo XIX, es una aportación de los llamados poetas simbolistas franceses: Baudelaire, Verlaine, Mallarmé.. Pero no solo aparece en la poesía, también en la pintura. Basta con contemplar los cuadros de los poetas prerrafaelistas para comprender la importancia del símbolo.
El símbolo, la metáfora y la alegoría es una especie de trípode hermenéutico sobre el que se construye la literatura  y puede nacer de cualquier asociación, bien sea lógica, histórica, emocional o de más de una de ellas.

Desde esta perspectiva analizo la portada de Sirenas en la niebla.

EL COLOR: el sepia, el de las fotos antiguas, es que el tiempo imprime en el papel otorgándole una pátina especial, la de lo vivido. Alude a que en la novela existe un tiempo pasado, un tiempo muerto que permanece impreso en nuestra memoria, quizás también en la memoría icónica colectiva.

EL PAPEL DE CARTAS: la  carta es el vehículo de la palabra que entraña un mensaje que se ha conservado congelado en el tiempo. Las cartas antiguas despiertan en la mayoría de nosotros un atávico instinto voyerístico, una curiosidad por descubrir los misterios que desvelan o que se ocultan tras la fronda de las palabras.

LA FOTO DE FAMILIA. Está situada en la parte superior, a la que se dirige la vista en el primer momento. Se trata de una boda, una foto familiar, en este caso de una familia burguesa. Hecho que se puede apreciar en la vestimenta de los protagonistas.
La fotografía es la máxima expresión del tiempo congelado, una forma de inmortalidad pues las imágenes de los retratados permanecen ajenas a los cuerpos que las proyectaron. Los fotografiados no sonríen a la cámara, sonríen al futuro. De nuevo encontramos el tiempo y su devenir.
            Unida al papel de cartas nos anticipa que hay un secreto. Los secretos de familia se trasmiten de generación en generación de forma velada, subliminar. Es este carácter sombrío el que les otorga el poder de influir en la vida emocional de los integrantes.

LA LLAVE Y EL RELOJ. Se pueden unir por una línea diagonal que recorre la portada de derecha a izquierda. Los significados simbólicos de estos objetos cotidianos se unen mediante ella y también por el color    dorado   de ambos y por el material del que están hechos.
La llave es el objeto que abre      puertas de     desvanes, de cofres, de armarios    donde   puede    alojarse    un tesoro, un secreto    o el horror.  Su colocación     en     el     ángulo inferior    derecho    no es gratuita sino que su  importancia como elemento simbólico de lo narrado queda realzada. Es    una llave antigua, de nuevo una alusión al tiempo pasado que se  refuerza   con el trozo de reloj de leontina y que simboliza un hecho que fracturó el tiempo, tal vez el de esa familia retratada, un hecho desgarrador, misterioso que solo descubriremos con la lectura del texto tal como antes nos lo han advertido las cartas que conforman el fondo de la portada.

LA ROSA Y EL LACRE: podemos trazar otra diagonal en sentido opuesto (de izquierda a derecha) que une otros dos elementos simbólicos: el lacre y la rosa.  El lacre alude a lo cerrado, a lo oculto pero su color de un rojo oscuro nos recuerda a la sangre. ¿Tal vez un oscuro crimen que permanece sellado? Continuando con el símbolo, la rosa, como tributo a los difuntos reforzaría esta impresión. Pero podemos optar por otra interpretación más acorde con el sello romántico en el que la novela se inscribe: ambos objetos aluden a lo femenino, a lo sensible.

EL TAPETE: un tapete blanco transparente, un objeto femenino y doméstico que nos vuelve a reforzar la idea de familia, de casa bien, de vivienda burguesa enlazando a la perfección con la fotografía situada sobre él. Pero esa naturaleza de semiopacidad  y la forma redonda aluden a la niebla. Así se refuerza icónicamente el título de la novela. La puntilla sutil y ondulada que lo rodea nos recuerda a la espuma marina, a las olas del mar aludiendo, de nuevo, al título del libro.

EL TINTERO AZUL: una vez más la palabra. El color elegido, el azul marino con el que está escrito tanto el título como el nombre de la autora  posee reminiscencias  marítimas y concuerda con el título.

            Todas estas referencias nos anticipan elementos del texto que se oculta tras la portada y esta se convierte en una especie de aviso, de anticipo del contenido de la novela cuyo plano simbólico es fundamental  para una mejor comprensión de la trama.


            Para finalizar, agradecer al diseñador gráfico de Tombooktu, Santiago Bringas, el excelente trabajo realizado.

martes, 22 de marzo de 2016

El Quinto Camino.

Jesús Cánovas Martínez nos sorprende una vez más con un texto de lujo. Esta vez no se trata de un poemario, ni de un libro de relatos cortos sino de una  novela breve de título enigmático para los no iniciados: El quinto camino.
La novela utiliza un único personaje: una mujer de mediana edad que pasea por una ciudad mediterránea, por Murcia.  Por medio de un monólogo interior, el autor nos sumerge en lo más profundo  del alma femenina, nos hace transitar por el quinto camino en todas sus etapas: el noviazgo, el matrimonio, la maternidad.  Contemplamos, como si de una película se tratará, todas las contradicciones de esa mujer con numerosas heridas psíquicas: una depresión a la que no parecen haber sido ajenos   el  desencanto y la rutina que con tanta frecuencia erosionan las relaciones de pareja. En su soliloquio encontramos las contradicciones del vivir, las sombras de la existencia. A través de su voz  conoceremos a Jorge, su marido. Una persona culta, espiritual, en el más amplio sentido,  que se erigió  en su caballero, en el  mentor  que la guió  por El  quinto camino, el camino del amor. Pero no se trata de un amor en el sentido clásico del término: la conjunción de dos cuerpos, de dos vidas que comparten un espacio y un tiempo. Es mucho más. Se trata de un amor que trasciende lo meramente humano para  alcanzar lo divino. El amor como fuerza de transformación interna de dos seres que alumbrará uno nuevo: el andrógino divino.
            La brevedad  de El quinto camino afecta solamente a la forma, su contenido es denso, profundo y exige un trabajo de reflexión psíquica que enriquece al lector. En ciento cuarenta y seis páginas encontramos  todo un “corpus” filosófico que se constituye en el verdadero entramado del texto y que nos remite a Mouravieff, a Ouspensky  y a la filosofía gnóstica.  Esta densidad conceptual queda  muy bien equilibrada gracias al lirismo presente en el texto cuya belleza y sensualidad  nos atrapan de inmediato. No puedo sustraerme a la tentación de reproducir aquí un fragmento que evidencia la gran calidad de la prosa del autor. Prosa poética en estado puro.
El verano se desliza entre música y cigarras, son los días del sol y de la luz, hay un dominio total de la vida sobre los lados de sombra, la existencia canta, la vida
canta su canción de mar y cigarras, y nos parece todo  joven y fiesta, alegría,  y la alegría restalla como el mar en las playas, y suenan las arenas.
Para poder abrazar la novela en toda su extensión, el lector no puede limitarse a un pasivo papel de espectador,  ha de realizar un trabajo psíquico que exige dejarse llevar por esa mujer que pasea, recuerda y revive; acompañarla en su periplo, compartir las experiencias que nos muestra como una preciada ofrenda. Todo es una excusa muy bien utilizada por el autor para mostrarnos  el camino. Alguna de cuyas etapas aparecen relatadas con una gran  carga de sensualidad . En ellas,  Eros se desata y la pasión se desborda, incontrolable, como un torrente.  No espere el lector encontrar un erotismo fácil, sin objetivo. Jesús  Cánovas lo coloca al servicio de la trascendencia, como un camino de ascenso que nos conduce a un estado espiritual que va mucho más allá de la plenitud de los sentidos, del esplendor gozoso de la carne.  Un estado espiritual que permite la aparición del  “yo real”  de los amantes y que abarca con su luz el cosmos entero.
El amor es la única puerta para disolver la importancia personal, la que nos tiene, por la ilusión que produce, enquistados y separados del resto de los seres.
Pero eso no es todo, hay más, mucho más y no sería justo desvelarlo en esta  breve reseña, solo culminar estas palabras con mi modesta impresión: El quinto camino, en realidad, es un viaje al mundo del amor, en el más amplio sentido y desde todas las perspectivas, pero a la vez también lo es al interior  de la psique femenina pues  es una mujer quien nos guía por esta senda misteriosa y nos aporta la lucecita imprescindible para poder transitar por ella sin extraviarnos.
Recomiendo  a quien lea estas palabras, que sea valiente, que emprenda “el viaje” a través de El quinto camino de Jesús Cánovas. Seguro que hallará en él tesoros indescriptibles, verdades que le maravillarán. En resumen, su lectura lo atrapará y cuando la contraportada se cierre, seguro que habrá mil emociones, mil preguntas, mil sensaciones flotando por su mente.  El viaje habrá merecido la pena.
Ana María Alcaraz Roca.
El Quinto Camino. Jesús Cánovas Martínez. Ed. Tres Fronteras. Marzo 2016

miércoles, 24 de febrero de 2016

                                      LAS SANDALIAS AMARILLAS.


He estado una temporada ausente de este blog, asuntos de importancia, que conoceréis a su debido tiempo, han ocupado todo el tiempo que mis obligaciones profesionales me dejaban libre.  Quiero compartir con vosotros un poema inédito, un recuerdo de la pubertad ya lejana, que acudió a mi mente  convocado por las fuerzas poderosas de la memoria.
 

LAS SANDALIAS AMARILLAS

Fue una tarde de un verano
ya lejano que el tiempo
sepultó  en mi memoria.
Estrenaba unas sandalias amarillas
de tacón, mi reciente mocedad
y aun mis sueños,
eran  hermosos
en el fulgor de la inocencia
de una vida que asomaba al mundo
secreto  del amor.
Apareció el muchacho,
su pelo del color de los limones
recogía la última luz
de la tarde que marchaba
herida y misteriosa hacia las sombras.
Sus ojos de álamo
se cruzaron un instante con los míos.
Ardió el mundo en un crepúsculo inmenso
que incendió mi alma
con su lumbre cegadora.
No lo he vuelto a ver,
mas su recuerdo aun alumbra
con su claror enardecido mi memoria
cuando calzo unas sandalias amarillas
y es verano
y cae la tarde fugitiva y frágil.
Pues no hay amor más tierno, poderoso,
que aquel que prende
En el núbil corazón de una muchacha.

miércoles, 8 de julio de 2015

TERRIBLES CASUALIDADES. EL DEPORTIVO

Hoy quiero plasmar en estas páginas un relato breve. A veces la vida te sorprende con algunas "casualidades" que resultan terribles, como en el cuento:
EL DEPORTIVO

Yolanda estaba sentada en un banco junto a la pista de patinaje. Mordisqueaba  una manzana. Sobre sus rodillas, un libro abierto al que no le prestaba atención. Su mirada se perdía en el espacio circundante, apenas se fijaba en  sus amigas  que  se deslizaban por el hielo dibujando arabescos y espirales. La chica contemplaba  los giros y piruetas de las compañeras  y contestaba  sus saludos con un tímido movimiento de cabeza.  En el banco contiguo un muchacho la observaba. Le atraía el aire ausente y desvalido  de la joven, su languidez y la gracia con la que se apartaba el pelo de la cara.  Se acercó a ella con la intención de invitarla a patinar. Cuando llegó a su lado, divisó,  apoyada en el lateral del banco,  una muleta. El descubrimiento abortó su invitación. Sin embargo fue un buen comienzo para una nueva amistad. Durante semanas se vieron, quedaron y salieron. Él la acompañaba hasta su casa, le llevaba los libros, le ofrecía su brazo como punto de apoyo  y le contaba chistes, y anécdotas, que a Yolanda le provocaban la risa  y le ayudaban a soportar mejor su desgracia.
            Con el paso del tiempo, ambos se enamoraron. A él le fascinaban sus silencios, la textura  suave del pelo de Yolanda y el olor  frutal de  su piel que atribuía a la alimentación de la muchacha. A ella, la solicitud con el que Germán la trataba, y sobre todo que la hiciese reír, que le espantase la melancolía que la  envenenaba como picadura de serpiente.
Ella nunca hablaba de su cojera, él no se  atrevía a preguntarle.
Una tarde, el paseo se prolongó más de lo habitual. Yolanda se sentía fatigada y se sentó en un banco del paseo marítimo que ambos recorrían con lentitud contemplando el vuelo de las aves y la ida y venida de las barcas de pesca. De pronto, tal como la niebla  se arroja sobre la costa, el llanto de la muchacha se desató. Era un llanto manso, como una lluvia calabobos.
—¿Por qué lloras? —le preguntó Germán.
—Es por la pierna ortopédica. La llevo desde hace poco tiempo y aún me provoca dolores en el muñón.
—¿Qué te pasó?
—Regresaba  una tarde de casa de una amiga. Al cruzar un paso de peatones un automóvil me arrolló. El canalla que lo conducía se dio a la fuga. Cuando me encontraron mi pierna estaba tan destrozada  que fue preciso amputarla —explicó Yolanda  entre sollozos.
Germán no dijo nada. La tomó delicadamente del brazo  y prosiguieron el paseo.  En la cara de la muchacha se reflejaba  el dolor que  a duras penas conseguía  disimular.
—Tengo el coche cerca. Si quieres te puedo acercar hasta  tu casa —sugirió el muchacho.
—Bueno —accedió ella.
Mientras que Germán pulsaba el mando a distancia para abrir el vehículo, la muchacha comentó:
—Lo único que recuerdo del momento del accidente fue un deportivo rojo huyendo a toda velocidad…

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire. Al levantar la cabeza y mirar al frente en dirección al automóvil cuyos seguros se desactivaban contempló un  vehículo color de fuego y  provisto de un alerón trasero cuyos intermitentes parpadeaban con un guiño amarillo y sucio.